Soy saprissista de corazón pero hoy me declaro herediano por admiración. No es que me haya vuelto pancista – el Team no es ni mi segundo equipo- ni que  por un repentino sentimiento lastimero, a raíz de la difícil situación que atraviesan, me diera por canjear al monstruo por flores, si no que simple y sencillamente lo que está haciendo el actual campeón nacional merece el aplauso de todos los seguidores del fútbol, independientemente de los colores que defiendan.

Morados, rojinegros, verdolagas, blanquiazules… todos, a estas alturas, ya estamos más que claros que el rojiamarillo y el rosado no combinan. En la cabaña florense nada ha sido color de rosa, por el contrario se ciernen unos nubarrones oscuros que no sólo amenazan el nombre de una emblemática institución de intachable trayectoria, sino la imagen y el ¿prestigio? de nuestro vilipendiado fútbol local.

Que un equipo, como el Club Sport Herediano, considerado, sin menospreciar a los demás rivales, como uno de los grandes del campeonato de Primera División, ponga en riesgo su futuro económico y deportivo, a causa de la irresponsabilidad de su máximo jerarca, representa un duro revés en las intenciones por enderezar el  errático rumbo por el que avanza el balompié nacional.

Y aunque indirectamente le están haciendo un injusto favor al principal culpable de esta debacle, los jugadores se niegan a ser víctimas de un destino que pareciera inevitable, a no ser por el coraje y el temple que han mostrado, actuando precisamente como lo que representan: un equipo. Pero no uno cualquiera. Aunque fuera del terreno de juego funcionen administrativamente como tal, por culpa de un inescrupuloso mercader del fútbol, que los degradó al nivel de equipo de barrio que debe hacer rifas para costearse los pases, nadie puede negar que en lo deportivo la realidad es diametralmente opuesta:  una vez en la cancha, han ejemplificado que en el fútbol moderno no todo está perdido, pues todavía se juega por amor a la camiseta y no al dios dinero, que de por si en la provincia de las flores, parece ser el único que no anda por media calle.

Más que un ejemplo de entrega, compromiso, y sacrificio, yo me atrevería a calificar lo de Herediano como un acto de heroísmo que encierra un gran testimonio de vida. El ver a deportistas profesionales, que se supone les pagan exclusivamente para entrenar y jugar, hacer de animadores, vendedores de entradas, organizadores de rifas y hasta administradores interinos, de previo a salir a la cancha, en lugar de suscitarme lástima, me despierta un gran sentido admiración y respeto por el trasfondo humano de la encomiable labor que realizan.

Asumiendo roles que no les corresponden, demuestran que, al parecer, en el fútbol, ya no solo se tiene que ser multifuncional para rendir en la posición que le designe el técnico dentro del terreno de juego, sino también fuera de este con tal de sobrevivir. Toda una lección de humildad, con el sello rojiamarillo.

El que jugadores, con familias que mantener, agobiados por deudas y obligaciones personales , puedan desempeñar estas funciones ad honórem y de paso rendir como los grandes en la cancha, ganando -inclusive a media luz- a equipos que los superan en planilla, comodidades y nombres –más no en hombres-  no se puede atribuir a otra cosa que el pundonor, agallas y orgullo deportivo que el conjunto florense aplica bajo cualquier circunstancia por más extrema que sea.

El ver que, a pesar de sus infinitas calamidades, se encuentren disputando los primeros lugares de la tabla, dispuestos a revalidar el título, merece el aplauso colectivo. El ver que algunos de estos gladiadores contribuyeron al pase de la Selección a la hexagonal nos hace soñar optimistas con Brasil 2014.

Nos dejan claro que en el fútbol, como en la vida, en ocasiones, hay que llevar palo para superarse. En situaciones adversas aflora lo mejor de cada persona. Las crisis nos obliga a ser creativos, a innovar, a sacar todo nuestro potencial y nuestra casta de campeones como instinto de supervivencia, frente a amenazas externas o internas, como sería la permanencia de Mario Sotela en un club que merece mejor suerte por el bien de su trayectoria y de su peso en la historia del futbol nacional. ¡Hoy, más que nunca, todos debemos ser heredianos!

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