Debo admitir que fui infiel. Su tamaño, su color, sus rasgos, su presencia, lo bien que me hizo sentir. Muchas fueron las virtudes que me conquistaron y me hicieron caer en la tentación… de la tecnología, el confort y el diseño deportivo de vanguardia.

Luego de ocho años de incondicional compañía, en las buenas  y en las malas, de noche, de día o de madrugada, siendo testigo de mis alegrías, tristezas y angustias, había llegado la hora de cambiarla… la nave, por supuesto, por más pucheros y arranques de celos que me endilgara.

No fue fácil, tuve que pensarlo bastante, no sólo por la envergadura de la decisión que me disponía a tomar,  si no por el infinito menú de opciones que ofrece el mercado automotriz para todos los gustos, terrenos, billeteras y caprichos, la mayoría sumamente atractivas y cautivadoras en todos sus aspectos, menos en el precio.

Luego de evaluar las alternativas más llamativas, me incliné por la que me dictó más el corazón que la razón. Era ahorita o nunca. El carro de mis sueños nunca había estado tan a mi alcance. Ahí estaba, luciéndose, mostrando sus atributos en su máximo esplendor. Como un par de adolescentes en plena etapa de conquista, primero me mandó la foto luciendo sus mejores galas y luego fue el ansiado encuentro cara a car…rocería.

Fue amor a primera vista. Me parece verlo haciéndome ojitos, provocándome, contoneándose, abriéndose de par en par para que yo contemplara embelesado su belleza exterior y por supuesto la interior también que, como en el amor, también es indispensable. Sentí que era para mí. Me imaginé viviendo muchos años felices a su lado, viajando a los confines del terruño y más allá, hasta donde el destino o el deseo de volver a cambiar nos permitan caminar o volar juntos. Era tal y como lo había visualizado en mis mejores sueños y por fin lo hacía realidad.

Insisto, no fue fácil, quienes han pasado por la misma situación, saben que la decisión no puede tomarse exclusivamente con el corazón, sino que exige una buena dosis de cordura, racionalidad y sensatez. Los vendedores, cual cupido asiduo de flechar su elixir embriagante consumista, a ratos osan en obnubilarnos pintándonos el paraíso terrenal sobre ruedas. Bien dice, que ningún padre ve a sus hijos feos, lo mismo les pasa a ellos con sus criaturas rodantes.

Por eso no hay que dejar enredarse así de sencillo, es mejor coquetear con otros antes de elegir al indicado. En eso podemos pasarnos días, semanas y hasta meses enteros en busca del ansiado y costoso tesoro. Y es que no es solo cuestión de gusto y comodidad, sino de accesibilidad económica.  La billetera es la que muchas veces nos hace caer en la dura realidad. Si no fuera por ella hoy andaría en un Mazerati o un Ferrari, pero como dichos ejemplares solo los podré utilizar jugando Grand Turismo, es mejor optar por uno más apegado a nuestro triste presupuesto, casi siempre limitado, mas nunca achicopalado.

Es entonces, cuando, a falta de billete o suerte jugando la lotería, empezamos el tortuoso viacrucis bancario en busca de cómodos financiamientos, a bajas tasas de interés, módicas cuotas mensuales y plazos razonables. Una vez recibida la información, pensaríamos que ya todo está resuelto. Pero qué va. Ahora sí, vea ver cómo hace para traducir esos complicados análisis crediticios, plagados de cifras, porcentajes y tablas, en un lenguaje llano y de fácil comprensión para uno que de números sabe lo que Marito Mortadela de canto lírico. Es de esos momentos en que uno desearía haber optado por el área de administración o finanzas y no de ciencias sociales. Pero como para todos da Dios, afortunadamente existen amigos especialistas en el área que lo orienten a uno para no meter la pata… y no precisamente en el acelerador.

Al menos por ahora que estoy apenas empezando, ya les contaré más adelante cuando vaya por medio periodo del crédito, limpio y resignado. Pero en fin, así es la vida, el que no se endeuda no gana. Dios no le da alas al animal ponzoñoso y por eso, a algunos, en asuntos de metas y ambiciones, prefiere darnos una buena dosis de esfuerzo y perseverancia en lugar de dinero y comodidades. El prefiere la lucha pujante a la mediocridad constante. Lo material no es todo en la vida pero sin duda a veces ayuda a darnos una idea de que vamos por buen camino y si es en carro nuevo… mucho mejor. ¡Feliz viaje!

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