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Siempre había sido reacio para los cursos de crecimiento personal. Quizás, por un falso sentido de autosuficiencia o por la arrogante creencia de que no me aportarán nada nuevo. Que debes esforzarte en la vida, luchar por tus metas, hacer realidad tus sueños, perseverar y alcanzar… ¿Y? Eso ya lo sé, no hace falta ir a pagarle un montón de plata a un supuesto motivador a que me recete una letanía de frases bonitas extraídas de libros baratos de psicología práctica.

Así de orgullosa y prepotente fue mi reacción al recibir la invitación a participar de un taller de crecimiento personal y liderazgo, denominado Discovery, conducido por un reconocido coach personal dominicano llamado Stormy Reynoso. “Sí claro yo le llego”, le respondí de entrada a mi amigo, buscando más quitármelo de encima que demostrar un genuino deseo de asistir. Para peores, se les ocurre hacerlo un fin de semana de clásico. Menos que voy…

Pero bueno, por insistencia y a regañadientes, me inscribí en el bendito taller, sin dejar de lado mi escepticismo inicial. ¡Diay, ya estamos aquí, a ver qué pasa!, me dije en tono resignado. Bastó que transcurrieran unas horas para entender la majadería de mi amigo. De repente, me percaté que no es el típico seminario magistral donde un conferencista sabelotodo nos vende la receta para una vida color de rosa, pletórica en armonía y perfección.

No, el proceso Discovery es definitivamente todo lo opuesto a la miel sobre hojuelas que podemos encontrar en una charla de Teleclub sobre superación personal. Es totalmente vivencial y participativo. Durante un fin de semana, aprendes sobre temas diferentes y muy prácticos: las cadenas que nos atan, los cuadrantes de personalidad, las consideraciones, nuestro blueprint, entre otros que no explicaré acá por un acuerdo tácito de confidencialidad que me impide hacerlo.

Además, incurrir en spoiler sería una ingratitud para quienes quieran ser partícipes de la experiencia de sus vidas y de la decisión más inteligente que pueden tomar por el bienestar suyo y de quienes los rodean, con resultados palpables en todos los ámbitos: finanzas,  trabajo, familia, salud, amigos, pareja, etc.

Lo único que les puedo adelantar es que Stormy no es un coach de negocios y de vida como cualquier otro. Aunque él dice no tener competidores sino aliados, reconozco que el hombre está “solo”. Es un tipo, como su nombre lo infiere, tormentoso. Franco, directo, sin contemplaciones. No se anda con medias tintas para decir las verdades, duro, de frente y a la cabeza. ¡Ay de aquel que se le ocurra llegar buscando despertar lástima o haciéndose la víctima! Ni las lágrimas ni las ofensas lo intimidan. ¡A la mierda el pobrecito! Es el Antony Robbins latinoamericano. Tal vez no les hará caminar sobre fuego pero sus enseñanzas arderán como brasas en las entrañas de todos los presentes. Si en algún momento se sienten confundidos y ya no saben ni quienes son… ¡Felicidades… van por buen camino!

Les hará reír, llorar, gritar, enojar, reflexionar, alegrarse, indignarse, enfermarse –a mi hasta gastritis me dio- y no se extrañen, si en determinado momento, sienten un impulso incontrolable por mandarlo de una patada en el culo de regreso a República Dominicana. En resumen, y en palabras del  propio Stormy, es un taller no apto para pendejos. Quizás de lo más fuerte y emotivo que hayan experimentado.

De la mano de su entusiasta y apasionado equipo de colaboradores (staff), les llevará al límite de sus capacidades, harán cosas que ni en sueños –o en sus peores pesadillas- pensaron hacer, desecharán lo que siempre han sido para convertirse en lo que nunca imaginaron ser. Pero les aseguro que, al final del camino, después de entregarse al máximo en el Taller Discovery y, ojalá cerrar el ciclo con Poder Total, su vida nunca será la misma.

Como decimos quienes ya pasamos por él, básicamente uno muere y vuelve a nacer. Entonces, se darán cuenta que valió la pena y que todo se resume en una sola poderosa palabra: AMOR (así, en mayúsculas). Para algunos es un negocio. Pues sí, lo es, un negocio que ayuda a crear mejores seres humanos. Yo prefiero definirlo como el mayor acto de nobleza, solidaridad y desprendimiento que jamás haya visto. Es amor al prójimo en el más amplio sentido de la expresión. Miles de personas en Costa Rica y Latinoamérica que hemos pasado por sus manos, ya sea para recibir una puteada ejemplar o un reconfortante abrazo, pueden dar fe de ello. Su principal objetivo es hacer de este mundo, uno mejor; su más gratificante recompensa es ver a sus congéneres alcanzar la felicidad.

En un principio, muchos lo odiamos; hoy puedo asegurar, como el hombre sensible, responsable y auténtico que soy, que somos más los que le estamos eternamente agradecidos y le amamos con toda la fuerza de nuestro corazón. ¡Gracias maestro Stormy!

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