identidad

¿Quién es usted? Una pregunta difícil de responder. No es que me he vuelto existencialista, pero, en la actualidad, el ser o no ser ya no depende tanto de Shakespeare como de otros factores igual o más influyentes que el mismo dramaturgo inglés, en su época dorada.

Por lo tanto, se puede decir que a la pregunta en cuestión se responde de muchas maneras, todas igualmente válidas y correctas, dependiendo de a quién, dónde y cuándo se le consulte e incluso del estado de ánimo que se encuentre el receptor al momento del interrogatorio.

Pero si hay alguien que, sentimientos aparte, siempre nos hablará con la verdad, no son nuestros familiares y amistades –por más que nos quieran, tienen su propio sesgo subjetivo- sino más bien el amo y señor de lo que somos y hacemos: Internet, para bien o para mal, el gran hermano de los tiempos modernos.

Hoy podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nuestra identidad física es tan relevante como la virtual. Debemos cuidar lo que se dice de nosotros en la web tanto como velamos por nuestra presentación personal el primer día de trabajo. ¿Alguna vez se ha buscado en Internet? Haga la prueba y verá como San Google sabe cosas suyas que ni usted mismo conocía.

Si nos descuidamos, podemos quedar en “paños menores” con solo un click. El algoritmo de Google es el guardián de todas nuestras infidencias digitales, con el único y grave defecto de que es muy malo guardando secretos. Al primero que le pregunte, le suelta la sopa. Bien traidor, el condenado. Por eso, si quiere mantener en total discreción algo de su vida –sea bueno o malo- mejor no se lo cuente, so pena de quedar marcado por el resto de la eternidad cibernética.

Sin embargo, si nos volvemos muy “selectivos” con lo que, por ejemplo, subimos y dejamos de subir a nuestras redes sociales, corremos el riesgo de pasar a ser un completo don nadie, a causa de nuestro temor a que un día aparezca en Internet hasta la talla de nuestros calzoncillos. De ahí que, para hacerlo de una forma responsable y –por qué no- rentable, nada mejor que asesorarse con los expertos en la materia, quienes pueden ayudarnos a construir la clave del éxito en la era de las nuevas tecnologías de comunicación: la marca personal.

Acabo de terminar de leer el libro Yo 2.0, de Dan Schawbel, considerado por el New York Times como el gurú de la marca personal. De una forma sencilla y amena, Schawbel nos ofrece una guía completa para aprovechar el potencial de los medios sociales en la promoción personal. En resumen, es cómo construir una marca digital exitosa y no morir –digitalmente hablando- en el intento. Debo confesar que, para mí, que estoy iniciando con nuevos derroteros laborales, ha sido una lectura muy provechosa que se ganó un lugar de privilegio en mis textos de consulta frecuente.

Ya no sirve andar con el currículum bajo el brazo, repartiendo copias en las ferias de empleo. La dinámica laboral ha cambiado drásticamente, al ritmo acelerado que avanzan las revoluciones tecnológicas. Tal vez lo único que no ha variado es el peso de la red de los contactos, con la diferencia de que ahora esta se traslada al plano digital y se mide no tanto por el número de teléfonos en la agenda del celular como en la cantidad de seguidores en LinkedIn. Todo lo demás se ha transformado radicalmente: videocurrículums, páginas web de selección de personal, podcasts, blogs, etc. La oportunidad de su vida puede depender, no tanto de la colección de títulos académicos o el desempeño en una entrevista laboral, sino más bien en la imagen seria, profesional y confiable que proyecte mediante una búsqueda rápida en Internet.

Hace unos meses, me limitada a tener una cuenta de Facebook que usaba más para “vinear” que para postear. Según yo, con eso era suficiente para estar en línea con el “boom” tecnológico. ¡Cuán equivocado estaba! Bastó que de repente saliera de mi anterior trabajo para darme cuenta que, hoy, sin una sólida y reconocida marca personal difícilmente uno logra diferenciarse del montón. Me tocó, entonces, ponerme manos al teclado: actualicé mi perfil de LinkedIn, retomé el Twitter que tenía abandonado, abrí un perfil profesional de Facebook y diseñé mi propia página web. Ahora estoy hasta en Google Plus y YouTube. Todo con la ayuda de especialistas como Schawbel que, como dice en la presentación del libro, me fue guiando por el amplio territorio de los medios sociales, mostrándome las nuevas herramientas digitales disponibles para potenciar mi marca personal y alcanzar mis objetivos profesionales.

“No viva su vida en el asiento del acompañante. Tome las riendas de su vida, ¡sea su capitán! (…) Imaginar el éxito en la vida no requiere ningún gasto de partida, y no hay excusa que valga la pena para no empezar hoy mismo a desarrollar su plan de acción si quiere alcanzar sus objetivos. Hoy es el día que debe adueñarse de su futuro. Ha llegado el momento de marcar diferencia”.

Sabias palabras de Schawbel que, como a mí, espero lo motiven a empezar a construir la marca y la vida que se merece. ¡Ahora es cuando!

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