Tomada de nacion.com

No apoyo a Figueres, pero tiene razón al criticar la cadena televisiva de Óscar Arias. Más allá del alto costo económico y de lo predecible del mensaje, lo cuestionable es el trasfondo de su alocución o, más bien, lo que no dijo pero que perfectamente se puede deducir por parte de un grueso sector de malpensados y resfriados de la política tradicional.

Como dije en un artículo anterior, el expresidente Arias es de esos personajes a los que se les quiere o se les odia. No da cabida a la indiferencia ni a los afectos a medias. De ahí que aparecer como el ungido ante los ojos del Premio Nobel, no deja de ser una ruleta rusa para Antonio Álvarez Desanti. De que le acarreará adeptos, de eso no hay duda. Detractores, también. ¿Cuáles serán mayoría? En los próximos meses, veremos si le funcionó la jugada o si le salió el tiro por la culata.

Del odio al amor

De momento, todo parece inclinarse a la segunda opción, según los principales argumentos esgrimidos alrededor de la famosa cadena. ¿Cómo es eso de que uno de los principales otrora críticos de Óscar Arias, hoy aparece de manita sudada con aquel que osó criticar? La contradicción es más que evidente. ¿Qué pasó en este tiempo para que de repente se reconciliaran, al punto de uno convertirse en relacionista público del otro? Y no es que no se pueda cambiar de opinión, producto de la madurez que dan los años, el problema es cuando ese cambio responde más a un sentimiento de oportunidad que de auténtica convicción.

Ahora bien, creo que don Antonio está grandecito como para andar buscando un papá político. Que salga él a “vender” sus ideas, sin necesidad de portavoces o intermediarios. Para nosotros, los malpensados, da la impresión de que carece del arrastre para ganar votos por sus propios medios y, por ende, necesita del buen recaudo y la popularidad prestada de un tercero; o bien, que, al llegar a la Presidencia, no será más que un títere al servicio de la causa arista. Ambas hipótesis son igualmente posibles como nefastas para el futuro del país.

Otra interrogante en el aire, esta vez con respecto al papel del expresidente ¿Qué necesidad tiene de salir al aire, en televisión abierta y franja estelar, a hacer público algo que ya todos sabíamos? Aparte de innecesario, lo veo jactancioso. A mí, la verdad, no me importa por quien vaya a votar don Óscar ni su decisión va influir un ápice en mis preferencias electorales que, dicho sea de paso, aún no tengo definidas. Por lo tanto, la asignatura pendiente para los indecisos es que, libre de presiones y malas influencias,  meditemos bien nuestro voto y elijamos al mejor, según nuestras percepciones y a la evaluación concienzuda de sus propuestas y no porque Óscar o Simón dice.
¿Experiencia o juventud?

Volviendo a la cadena televisiva y procurando hacer un somero análisis de contenido, vemos que las contradicciones no cesan.  ¿Cómo es eso de que nos insta a apoyar a un hombre “íntegro y capaz” pero, por el otro lado, aboga por realizar un relevo generacional en la política? ¿Representa un hombre que anda en política desde inicios de los 80 y que ha sido diputado en dos ocasiones, ese cambio por el que clama el exmandatario y el país entero? Él, más que nadie, precisamente porque fue su presidente ejecutivo del CNP y su ministro de Agricultura y de Gobernación, sabe que no es cierto.

Luego nos receta otra joyita. Reconoce que el actual presidente –aunque también era un viejo conocido en las filas verdiblancas- fue un intento loable de renovación, pero “tuvo pocas propuestas concretas y escasa experiencia en el manejo del Estado”. Y más adelante, nos exhorta a los “jóvenes a entrar en política y a ocupar el lugar que les corresponde en la historia”. No dudo que tenga razón, pero hay una evidente disonancia en las ideas. ¿Quiere experiencia o juventud? ¿Mucho conocimiento del funcionamiento de un atrofiado aparato estatal o sangre nueva que venga a revitalizarlo? Ambos rasgos son fundamentales, pero no necesariamente incluyentes en una misma persona.

No conozco a don Antonio; tampoco tengo motivos para dudar que sea “un hombre responsable y honesto que sabe dialogar y escuchar” –de lo contrario, no habría llegado a ser Presidente de la Asamblea Legislativa. En lo que sí tengo mis reservas es sobre la conveniencia de mantenerse a la sombra de la figura de alguien que no representa los deseos e ideales de una población cansada de los mismos rostros, ya sea que estos aparezcan en televisión nacional o en Casa Presidencial.

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